Palabras contra sesgos
.L. Torremocha Martín
Hay libros fundamentales para periodistas en activo, aspirantes a serlo, estudiantes de comunicación, docentes, estrategas, jefaturas y personas defensoras de derechos humanos. Herramientas con nombres de guías que previenen gazapos y caídas en clichés.
Manuales que se hacen más necesarios cuando portavocías, jefaturas y responsables de comunicación hieren a menudo con sus palabras a colectivos enteros por acción, omisión o desconocimiento.
La Guía de Periodismo Inclusivo de Lucía Quiroga es uno de los más novedosos al respecto. La autora lanza esta propuesta que da continuidad al camino recorrido por quienes forman parte de los gremios citados y fueron capaces de adaptar la evolución humana a la comunicación. El lenguaje sirve como manjar o veneno en su uso. Por eso más allá de los focos, este texto divulgativo y riguroso se hace imprescindible. Alimenta la intención de tomarse en serio la inclusividad a la hora de comunicarse gracias a las recetas del feminismo.
Quiroga reivindica la labor de las antecesoras que crearon la Guía para informar sobre mujeres políticas, así como de quienes dan vida al Observatorio de las Mujeres. Completan tan rica herencia Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos, Nancy Fraser y Bell Hooks; la labor diaria de colegas de la autora – a las que no alcanza por espacio a nombrar en su totalidad -. No faltan entre las menciones los directorios de mujeres expertas que facilitan la profundización sobre los planteamientos del texto, la prevención de errores y el combate contra los sesgos adquiridos.
Si un hecho no resulta noticiable cuando se trata de un hombre… ¿por qué va serlo en el caso inverso?
El enfoque que la escritora traslada a la audiencia es parte de los conocimientos asimilados gracias a su formación académica y experticia profesional. Ambos aspectos los sitúa al mismo nivel. Más cuando las líneas recopiladas, modeladas y difundidas han salido de las manos de una madre freelance que escribe durante los tiempos libres que le deja la crianza y sus labores profesionales.
Quiroga comparte el ejercicio de ponerse frente al espejo y buscar la nitidez en el análisis de algunos trabajos que llevó a cabo durante su trayectoria profesional. Lejos de deformaciones y brillos, la autora proyecta los errores que cometió en sus inicios, cómo pudo aprender de ellos y sobre todo de qué forma superó sesgos que antaño le resultaron imperceptibles.
Tres haches
El Global Media Monitoring Project recuerda que un escaso 26 por ciento de las informaciones tiene como protagonista a las mujeres. De no cambiar nada harían falta casi 70 años para cerrar la brecha existente en los medios informativos tradicionales. A ello se le suma cómo se informa. Ante un panorama a priori tan desolador, se puede recurrir a herramientas fruto del trabajo teórico cuya aplicación ayuda a reducir esta infame brecha. Una de las que más defiende la autora es la regla de reversibilidad.
Si un hecho no resulta noticiable cuando se trata de un hombre… ¿por qué va serlo en el caso inverso? ¿Por qué preguntar a mujeres que ocupan puestos de poder sobre asuntos acerca de los que jamás se interrogaría a sus homólogos masculinos? ¿Por qué el enfoque de una información sobre una presidenta se aborda de distinta forma a la de un primer ministro? ¿Por qué variar el lenguaje cuando se trata de las mujeres? Cuestiones que deberían replicarse en la conciencia del periodismo. Incluso se puede recurrir al humor para que la regla de reversibilidad resulte todavía más potente: “Si cuando hacemos la comparación con un hombre da risa, ahí hay sesgo casi seguro”.
Siguiendo por la misma línea, Quiroga explica con ejemplos palpables la regla de las tres haches:“Hair, husband y hemline”. El aspecto físico de las mujeres, sus formas de vestir o las parejas que tienen las protagonistas no deberían resultar relevantes cuando se elaboran las informaciones. Sin embargo se ha normalizado. Más sutilmente se impone el dilema del doble vínculo que exige a las mujeres “una cosa y la contraria” en pro de la perfección o por lo exigible bajo la mirada masculina. A pesar de las enormes capacidades demostradas por las féminas en las situaciones más adversas para saltar los suelos pegajosos, romper los techos de cristal y enfrentarse al precipicio de los acantilados fabricados con el mismo material transparente.
Trasversalidades, oficios y peligros
La guía aborda el enfoque interseccional que confronta las opresiones existentes con los privilegios asociados al hombre blanco, cishetero, enriquecido y sin diversidad funcional. Al igual que sucede con las mujeres, los medios reducen al mínimo la presencia de personas racializadas, mayores, las pertenecientes al colectivo LGTBIAQ+, así como a un sinfín de grupos. Cuando la prensa se refiere a los seres humanos citados suele construir una narrativa cargada de estereotipos: la avaricia judía, la pobreza negra, la marginalidad gitana, la promiscuidad LGTBIAQ+, la improductividad de las personas mayores, los no derechos de la infancia… Ante esta situación, la autora señala el error habitual que comenten los medios cuando ponen el foco en la pertenencia del sujeto a un colectivo y no en la persona en sí.
Lucía Quiroga defiende la alternativa de un periodismo vivo. La aplicación de la inclusividad en todas las etapas del proceso de elaboración de noticias como parte de una comunicación inclusiva y diversa. Se hace necesario abandonar los obsoletos esquemas y dar pasos firmes en la construcción de nuevas narrativas.
Actualizar el lenguaje. Observar la evolución de la sociedad, contarla e interiorizarla. “Al igual que estudiamos los avances tecnológicos en un área determinada o los cambios legislativos que se van sucediendo”.
A quienes tratan de construir el marco machista, victimizándose y aludiendo constantemente a una cultura de cancelación que no existe… Se les puede responder -como sugiere la autora – recordando que la sociedad lleva años sin nombrar las cosas adecuadamente o directamente omitiéndolas.
El gremio periodístico en unos tiempos donde reina la inmediatez y la obsesión por lo viral tiene la oportunidad de reivindicarse y cumplir con su labor social
El lenguaje inclusivo no es dogmático, sino cambiante. Cuesta evolucionar por la crianza, formación y el crecimiento cultivado en esta sociedad. Cuyos tintes coloniales, patriarcales y capitalistas marcan el desarrollo de las generaciones vivas donde abundan las palabras carentes de inclusividad y respeto.
La Guía de Periodismo Inclusivo no busca excusas y aboga por el compromiso ético. Las personas yerran y lo seguirán haciendo, también quienes tengan toda la voluntad de combatir las brechas actuales. Porque además no hay un consenso sobre la terminología a emplear. En este sentido Lucía Quiroga alude a las elecciones de los colectivos para autodefinirse. Algunas personas preferirán que se refieran a ellas como ciegas, otras les gustará más la palabra invidente. Existirán gentes que optarán por el término afrodescendiente en lugar de racializadas e incluso grupos capaces de resignificar insultos como maricón o zorra.
El gremio periodístico en unos tiempos donde reina la inmediatez y la obsesión por lo viral -entre ríos de desinformación- tiene la oportunidad de reivindicarse y realizar su labor social. Cumplir con los códigos deontológicos del oficio incluye el combate contra los sesgos adquiridos en las fases de la producción de las noticias. La elección de los temas a tratar, el filtro de las fuentes para desarrollarlos, los encuadres y la revisión de los contenidos previos a su publicación hacen parte del correcto engranaje. Bajo estas pautas se prevendrán muchos de los errores con los que la profesión convive.
Si quienes trabajan en la comunicación corporativa integran la inclusividad en los contenidos que elaboran y si las portavocías les acompañan en esta ardua labor – adecuando las palabras a los hechos- contribuirán al deber de construir una sociedad inclusiva. Tarea que debería comprometer a la población en su conjunto.
Para quienes asuman el compromiso… ya tienen guía.